Un valor muy oculto.

Una idea, eso es lo que vengo a analizar en este texto. Una idea, es, o mejor dicho, puede ser, lo más peligroso que nos encontremos, o lo mejor que nos pueda pasar. Todo depende de su formulación. A lo largo de mi recorrido mental, me he topado con millones de ellas. Algunas, han funcionado como bacterias en mi mente, de forma absolutamente maligna, ya que fagocitaban a las demás, una tras otra, y no se alejaban de mi razón. También he de decir, que me he encontrado con otras, que eran fantásticas, y que han perdurado como las bacterias, pero para hacerme mejorar fuera de ese mundo interno. Tras establecer esta clasificación, quiero que sepáis una cosa: No existen. Ninguna idea existe. Todas mueren tras ser pensadas, para dar lugar a una distinta. El valor, independientemente de la expansión o no de una idea, no reside ahí, sino en la capacidad de crearlas, cada vez más desarrolladas. Aunque estas nuevas ideas están relacionadas con las anteriores, estas últimas ya han muerto. La experiencia de pensar, es una experiencia única e irrepetible, y debemos aprovecharla. Ahí es donde permanece el valor; Nuestro valor, procedente de la razón. Tenemos el gran don de crear, y de asesinar ideas, sin olvidarlas, para tenerlas en cuenta en la creación de ideas nuevas. Aprovechémoslo para aplicar ese desarrollo ideal al mundo externo. No lo malgastemos. Adelante, es posible hacerlo como en el fondo deseamos.

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