Bombardeo a la conciencia.

Un loco, un “ido”, un desvariado, o mejor dicho, alguien que simplemente no dice lo mismo, es una bomba. Una bomba, a todo aquello que se considera establecido, pero no a nivel físico, sino mental. Las personas, siempre tienen miedo, y uno de los mayores miedos surge del desconocimiento. Al igual que el perro se asusta cuando levantamos la mano en posición amenazante, una mente siente pavor cuando algo que le parece extraño se asoma por la ventana. Su primera reacción, es asesinar aquello que asoma. Sí, asesinar; Asesinar y descuidar aquello que dice aquel loco o desvariado. Intentar que no explote la bomba, por miedo. Miedo de no saber si contendrá únicamente agua y contribuirá a despertarla del trance en el que se encuentra, o también contendrá dinamita que hará que salga perjudicada…

Sinceramente, me voy a incluir dentro del grupo de dicho armamento, aunque no me eximo de la posibilidad de recibir bombas también. Eso es, justamente, lo que debemos hacer: “Disponernos a afrontar los impactos de esas bombas, para mejorar nuestras defensas, y convertirnos en bombas para los demás, cada vez más potentes”. Solo así, nos haremos mentalmente más y más fuertes, hasta llegar al punto en el que no nos sorprenda ni nos asuste nada. Sí, hablo del punto en el que no haya bombas, y no haya esa diferenciación entre un loco, y una persona “normal”.

Os animo a romper esa atadura provocada por vuestro miedo irracional. No se esconde nada malo tras esa puerta, no lo olvidéis.

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