Placer por los mosquitos.

-Algunos animales disponen de un arma increíble para aproximarse a su comida. Se trata de las alas. Pero no solo las usan para ello(…)-

-¡Maldito mosquito!- exclamó Jane con gran frustración- “Son las seis de la mañana”- pensó mientras se levantaba con las pupilas colosalmente dilatadas-”Michael, ¿Estás despierto? Deberías cerrar la ventana, hace mucho frío.”
-Es cierto, ya voy. Pronto amanecerá, y necesitamos descansar después del intenso viaje que hemos realizado.- dijo Michael.

Pero Jane no descansó más. Decidió marchar hacia la recepción del hotel. Desde pequeña había acostumbrado a seguir esas fugaces intuiciones que aparecían con la velocidad de un impulso eléctrico por su mente.

El pasillo de la sexta planta estaba algo oscuro. Fue toda una odisea para Jane encontrar el interruptor de la luz. Al fin, al llegar a la planta baja, se aventuró a buscar al recepcionista. No sabía qué le iba a a consultar, pero tampoco fue necesario. Cuando se acercó a la mesa, vió algo un tanto extraño; unas pequeñas gotas de sangre en el suelo. Al avanzar descubrió más gotas de sangre que anteriormente habrían formado parte del ahora inerte y repleto de cristales cuerpo del recepcionista. El sobresalto de Jane no la permitió gritar. Comenzó a correr con una potencia jamás apreciada por sí misma. Su gran impulso hacia el ascensor solo le permitiría descansar durante la subida a la sexta planta, ya que alguien se había anticipado a sus predicciones: Al salir del elevador, un hombre con una capucha y un bate, quizás de béisbol, se encontraba frente a ella. No recuerda más aparte del golpe en la cabeza que la dejó inconsciente. Despertó en su habitación. Estaba completamente inmovilizada. Michael tenía la cara destrozada. De repente, dos hombres similares al que le propinó el golpe con el bate se dirigieron hacia ella, mientras pronunciaban algo en alemán. “Michael lo entenderá”-pensó Jane-; pero Michael estaba amordazado y en muy precarias condiciones para hablar; ni siquiera entender.

Los dos hombres cogieron a Jane de piernas y brazos de forma extremadamente violenta. Acto seguido, se dirigieron a la ventana, y la lanzaron hacia la gélida Bruselas de aquel Enero de 2006, desde unos 35 metros de altura. Jane se sentía fuera de sí. Aquellos segundos se convirtieron en un portal atemporal hacia los recuerdos de toda su vida. En su mente aparecieron las vacaciones en Miami, sus padres recién casados, y recién fallecidos… Su hermana junto a sus compañeras haciendo las pruebas para acceder al puesto de enfermeras… Y también recordó a su moribundo tío, subdirector del canal dos de noticias… Pero todos esos pensamientos fueron estrepitosamente interrumpidos por un golpe seco que la despertó sobresaltada en su coche aquella mañana del veinticinco de Agosto, mientras iba de copiloto junto a Michael, el cual había perdido el control del vehículo debido a los aspamientos que esta había llevado a cabo a causa de su despertar tan poco favorable.
El coche se dirigía a gran velocidad hacia el exterior de la carretera. Pero Jane ya no podría recordar más. Despertó de nuevo del trance días más tarde. Al principio, oía voces a lo lejos… -”Jane, soy tu hermana…¿Me oyes…?”- Una vez recuperado el sentido del oído, comenzó a abrir poco a poco los ojos, para más tarde continuar con el tacto, y posteriormente con la movilidad. Cuando logró ser algo más consciente, leyó la prensa del día anterior. En la primera noticia se podían apreciar las siguientes frases:

“El reconocido doctor alemán Michael Niemand murió ayer, día veinticinco de Agosto, debido a una accidental colisión con un muro cercano a la calzada. Las investigaciones apuntan que el motivo pudo ser una distracción al volante, además de un considerable exceso de velocidad. El médico salió literalmente disparado a través de la luna frontal del vehículo tras la colisión con la pared que irrumpió en su desviada trayectoria, ya que el doctor circulaba sin el cinturón de seguridad reglamentario. Su esposa, Jane O´Neal, tuvo mayor fortuna, siendo solo víctima de pequeños traumatismos. Nuestros últimos datos aseguran que permanece inconsciente en el hospital central de París”.

Tras estas frases aparecía una foto de Michael, desfigurado, con gran cantidad de trozos de cristal de la luna del coche clavados en toda la superficie facial de este.

Acto seguido, Jane tiró el periódico. Comenzó a llorar, aún sin creérselo. No podía; no podía dar crédito a nada, absolutamente nada.

Ya una hora más tarde, pudo apreciar el documental sobre mosquitos africanos que estaban emitiendo en el canal dos… “ Un arma increíble…”- balbuceó.

Y así, Jane O´Neal pasó 5 años sumida en una profunda e inestable depresión, e invirtiendo todas sus ganancias y ahorros en una extraña secta que reivindicaba el gran carácter poderoso y realista de las visiones oníricas. Sí, “ El poder de los sueños”. Así decía en sus anuncios de dudosa legalidad.

Fue dos años más adelante cuando Jane se ahorcó en su piso de Oklahoma, en un nuevo y desesperado intento de escapar de aquel sueño terrorífico e incomprensible.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s