Origen.

 

Vivimos en una era en la que todo saber nos parece erróneo. En la que todo lo que sentimos parece incierto. En la que todo lo que vemos parece planificado. En la que todo lo que sufrimos es relativo, foráneo  y constante… Muy constante. Vivimos en una era en la que el ser se olvida, y por consiguiente todo lo que éste implica. Vivimos en una época en la que el tiempo nos condiciona y nos absorbe como las plantas al agua, como nuestras ideas a la mente. Nos absorbe, y nosotros lo dejamos pasar, para que corrompa todo lo que nuestra razón es capaz de transformar en alegría. Es una acción algo idiota, pero… ¿De qué se forma el ser humano sino de idioteces? Es una más de la que hay que ser conscientes. Muchos estaréis preguntando: ¿Qué idiotez? Yo os respondo, espero. La idiotez de no ser felices, la idiotez del miedo, de la urgencia, de la prisa, del no-sentir, del no-soñar, del no saber que se es por el hecho de no tener constancia plena de ello… Olvidamos por qué estamos aquí y violamos la más sagrada ley de nuestro inconsciente: la felicidad. Ésa que está ahí para algo. Esa que nos empuja a tirarnos al vacío. Esa que nos dice: Ahora, corre, vive, que el tiempo no es tiempo sino proyección, sino reflejo, sino tiempo, más que tiempo, nada añadido. La única añadidura que se pone al tiempo es el recuerdo, y el recuerdo se forja en nuestra acción, y limitarla va en contra de esa gran madre de nuestra mente. El tiempo nos debe condicionar a aprovecharlo. Esto no es sólo un “Carpe Diem”. No, no. Esto es un sonríe, actúa, piensa, sueña, vive. Cuando quieras. Porque no hay trenes ni oportunidades, sino fracciones de segundo en las que debas proceder. Fracciones que sí, se repiten, pero se acaban. El tiempo no es una presa, es un indicador de que la oportunidad siempre está (o no), y de que aprovecharla es tu labor. Podrán ser mil vidas las que no sepas que sueñas o vives, pero podrán ser mil vidas las que puedas hacer siendo feliz, y viviendo como tu mente te indique. Podrán ser mil vidas las que condicionarás, y harás cobrar sentido. La tuya, será sin duda la primera. 

Vive, que el tiempo no apremia, pero tú sí.


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