Realidades oblicuas.

Es un momento en el que me doy cuenta de que no sólo eres un reflejo; una proyección. Es un momento en el que siento que algo de verdad hay en esta realidad. Me doy cuenta de eso, precisamente. De que no todo había sido falso, y de que estoy aquí por algo. Las notas desafinadas de este piano ahora tienen un espectador en la función, mas no sé si le gustará tal drama. Seguiré tocando como mejor sé, como soy, como seré, y como puedo ser por él. Porque puedo serlo todo. Me mira. Crezco. Toco, mi mejor pieza: la existencia. Continúo pulsando las teclas correctas esperando su emoción. Nunca llega, pero ahí sigue, y la función lejos queda de ser monótona; es espléndida. Es única, es apoteósica, perfecta. Es ella, fusionada con él. Mi musa. Mi inspiración. Mi ser.

Muy posesivo soy con el público, aún habiendo cerrado el enclave de mi yo interno. Vetado. Vetado a quien no quiso entrar. Aceptado para el que supo hacerme sonreír mientras tocaba, mientras sentía. Mientras por una vez no moría, y tampoco quería. Mientras la eternidad me rozaba sollozando, pidiendo que la acompañase, que no fuese ser. Mas yo desistí. Me quedé para contemplar como se me caerían las manos acariciando cada uno de los recónditos lugares del pentagrama, medido en años y momentos.

“Soy el sí bemol que le hizo una herida al viento”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s