A ti.

Desde el primer segundo; desde antes de éste, el amor que floreció entre nosotros fue eterno. Y hablo en futuro ubicándome en el presente. Porque hay vínculos que jamás se rompen. Hay distancias que aunque aumentan, jamás son como tal. Porque es ahí donde está lo especial. Porque la vida es el regalo más preciado. El hecho de que esté hoy aquí pensando que pienso es gracias a ti, y a ti dedico el más sincero agradecimiento. Porque es algo que no tiene pago. Porque ni siquiera la caída de las hojas de los árboles es tan necesaria. Es un vínculo innegable que negaría mil veces por el hecho de que físicamente, fuese eterno. Dicen que el agradecimiento más sincero es el del corazón, pero éste se escapa de sus confines y aflora entre la malévola prisión de la razón contaminada y evoca un suspiro porque es consciente de la acción del benévolo y a la vez inconsciente y malvado tiempo. Ese que me resta momentos y me empuja a gritar, a gritar con todo mi ser, que hoy en día eres mi causa y mi consecuencia, mi antes y mi después. No podré decir que todo, pero sí mi base. Podré decir que fuiste y serás mi impulso, mi apoyo incondicional. Puedo y podré decir siempre. Quisiera afirmar que la vida no tendría sentido ni sería vida si la tuya no lo hubiese tenido antes, pero sería algo muy vano. Por ello, hoy estoy aquí para darte gracias. Gracias por dar aquel primer beso a la otra persona de las tres que más amo. Por tener cosquillas en la barriga, porque te doliese la garganta al gritar. Porque el punto álgido de tu creación fuesen mis manos. Porque la vida, se quedase corta en el momento que marchaba. Porque mi entusiasmo decreciese cuando aflorabas tristemente entre los párrafos de tristes versos. Porque las palabras no fuesen ciertas cuando decías “te odio”. Porque los suspiros fuesen ciertos cuando no cumplía. Porque las sonrisas fuesen verdaderas cuando triunfaba, y porque los llantos fuesen sinceros cuando me hundía, para luego resurgir. Por todo tu apoyo incondicional. Gracias, por existir, y haber hecho posible que mis dedos fluyan entre las líneas de libros jamás leídos, entre venas de corazones que jamás bombearon. En pasiones, que jamás fueron queridas. En muertes, que jamás fueron vividas, y en muertes, que siempre serán el mejor despertador vital.

Mi más sincero y verdadero te quiero.

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