Alegría.

En estas líneas me gustaría brindar un más que merecido homenaje a la alegría. Me encantaría poder realizarlo del mismo modo que Ludwig empleó hace aproximadamente 200 años, pero cierto es que mi poder no alcanza tales cotas. Aún así, debo continuar con esto. Mi mente no me permite abandonar, lo cual resulta suficientemente extraño procediendo de un sujeto como yo.
¿Existe una definición real de “Alegría”? ¿Existe un parámetro, un modo exacto de alcanzarla con las propias manos de nuestro ser interior? ¿Alberga un concepto tan vasto un recinto donde poder ser acotado? Desde mi más sincera y humilde opinión, no. He aquí mi exenta habilidad para redactar. Estas líneas ya habrían finalizado si de mí procediere la intención de brindar tal homenaje. Pero, un momento, tengo una idea. Quizás sea más apropiado y justo elogiar a aquellas personas que hacen de este “mundo” (si es que puede ser llamado así) un lugar más agradable.
Sí, es una idea más correcta creo. Hay mucho ideal negativo (bajo el juicio popular), y pongo como primer ejemplo el mío propio. Sin embargo, debo dar las gracias a aquellas personas que consiguen hacer de esta melancolía que a veces hago demasiado mía un recurso sin igual. Una vía de escape certera, excarcelada y puesta en libertad. Dispuesta a convertirse en un asesino cruel, o en el mayor amante habido y por haber.
Esas personas son pura poesía, y ostentan el monopolio de sensaciones que consiguen, junto a un piano, dar cuenta a los fantasmas, de que hay algo por lo que luchar. Por lo que morir, por lo que escribir… Y es por eso, por lo que a ellas les escribo. Por ser el polo positivo de mi mundo. Debéis saber que, aunque apenas seáis mencionadas en este apocalipsis literario y metafísico, conformáis uno de los ejes clave de mi ser. Formáis parte del todo, ¡Y vaya parte! A esto me refiero cuando afirmo que la vida es demasiado bonita para ser real. Este caos es la única fuerza que me ha mantenido vivo estos años. Y os agradezco que forméis parte de él; que forméis parte de mí. Sois, junto a la desdichada mente que me acompaña y a su melodía repleta de pianos y violines afligidos, mis mayores armas de información masiva. Os quiero, por existir. Sí, ese es el motivo, de mi amor por vosotros y de mi odio hacia mí mismo. Qué alegría, de veras.
Para concluir, me gustaría matizar que es ésta la esencia de la alegría. En realidad, es la esencia de todo, pues el conjunto de sensaciones que impregnan al ser están producidas por él mismo. Bajo mi punto de vista, esa es la verdadera esencia de la vida; los que la viven. Gracias por estar ahí. A todos. Gracias por poblar este mundo de una colosal lucha de contrarios. Sin vosotros, este bufón barato no tendría ningún interés, y lo que es peor, ningún tema de conversación.

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